LUCAS MARTÍN. MÁLAGA
La política no sólo entiende de eslóganes y propuestas. Se venden
ideas, pero también líderes. Los tiempos mandan. Del candidato
extraordinario, nacido para encabezar a la tropa, se ha pasado al
laboratorio. Política profesional, cultura de la visibilidad. La
comunicación no verbal, la mirada, todo cuenta en la difícil tarea de
movilizar al electorado y convencer.
Raquel Alguacil, directora de
Tevisto Asesores de Imagen, recuerda que el mensaje es indisociable de
las connotaciones que transmite el emisor. Su análisis, centrado en el
aspecto y los ademanes de los candidatos, no difiere excesivamente en
cuanto a conclusiones del ofrecido por los psicólogos. En el caso de De
la Torre también alude a la seriedad, aunque traducida en detalles que
son, en teoría, más fáciles de resolver. Su indumentaria, dice, peca de
un clasicismo excesivo. Le recomienda introducir novedades. «Da la
sensación de tener la misma imagen de hace diez años y eso no es bueno
si quiere aparentar frescura».
La experta aboga por iniciar el cambio
por el cuello de las camisas y las hombreras, casi siempre curvas, que
dan una sensación de fatiga y desgaste. Se trata de detalles que, junto a
la corbata, resultan determinantes. «Hay que tener en cuanto que, por
la situación de los ojos, siempre van a mirarle en un plano en el que
destacan», detalla.
La asesora de imagen aconseja al alcalde combinar
los colores fríos con camisas blancas, que suelen evocar frescura.
También introducir en su vestuario la tonalidad. No es ninguna tontería,
sino una lección de mercadotecnia. La misma que lleva a Rajoy a
decantarse por el rojo en la corbata, a Zapatero por el azul en los
debates de televisión. «Su imagen ganaría si entendiese que no siempre
hay que llevar traje. En los actos de fines de semana, parecería más
cercano si fuera más informal».
En cuanto a la gestualidad, la
experta le recomienda trabajar el lenguaje del cuerpo. «Las utiliza poco
y eso le resta vivacidad», opina. En lo que respecta a María Gámez, la
especialista percibe una diferencia casi inconciliable. «Sus gafas y su
peinado son modernos y acertados pero, sin embargo, utiliza un vestuario
clásico, poco acorde con lo que transmite el resto de su cuerpo»,
reflexiona. A Pedro Moreno Brenes, le atribuye los mismos defectos de
guardarropía que a De la Torre, aunque con un matiz adicional: la falta
de armonía de los colores.